Estábamos cenando en el fabuloso The Manila Hotel, en Manila. A nosotros nos gusta quedarnos en hoteles buenos siempre que se pueda, en especial en un hotel de lujo antiguo como este. Era el cumple de Milos así que decidimos darnos un mini lujo. La chica de la recepción además de muy guapa nos dio un upgrade a una habitación en los pisos superiores, con una vista genial. Es un poco contradictorio quedarse en un hotel ostentoso así en el medio de una ciudad como Manila. Si, Manila no tiene un aspecto agradable y probablemente tenga cientos de problemas que nosotros como turistas ni imaginamos.
El hotel se encuentra frente a Intramuros, la parte antigua colonial de la ciudad. Habíamos recorrido la zona por la mañana. Me da vergüenza recordar esto, pero seamos honestos; teníamos miedo y estábamos nerviosos, muy ridículos. Cerca de la muralla vive gente pobre y adentro hay una especie de chabola. Sin embargo, no nos pasó nada malo, ¡nos pasaron todas cosas geniales! Pero esa es otra historia.

Volviendo a nuestra opípara cena en el hotel de lujo. Conocimos a una pareja de españoles, de Madrid. Los dos artistas guapos que acababan de volver de El Nido. Conversábamos sobre nuestras primeras impresiones de los filipinos. Habíamos aterrizado la noche anterior y siguiendo los concejos de una amiga que hicimos en el avión (gracias Jolly!) nos pusimos en la cola de taxis que hay al salir de la terminal. Nuestros amigos españoles no lo hicieron, salieron y rápidamente contrataron un taxi y se fueron. Ellos pagaron 40$, nosotros 8$, el mismo día, al mismo lugar.

Se lo tomaron muy mal, estaban escandalizados. ¡¿Cómo es posible que los filipinos hagan algo así?! Cuando les dijimos que había una cola para tomar un taxi garantizado y de bajo precio contestaron que estaban muy cansados, no podían esperar. Obvio, nosotros esperamos en la cola una hora. ¿No es esto exactamente lo que justifica pagar más para no esperar en la cola? Es decir, los dos negociaron de libre voluntad, llegaron a un acuerdo basado en los servicios exigidos y pagaron. ¿Por qué sería una estafa? ¿No es así el libre mercado? La famosa oferta y demanda Ellos demandaron un taxi rápido, les dieron un precio, precio que pagaron felices hasta que se enteraron que a nosotros nos cobraron un quinto.

En todo caso, ¿no fue el taxista filipino más inteligente? ¿Mejor negociador? En los aeropuertos de Europa y EEUU existen infinidad de opciones para transportarte a la ciudad. Desde buses públicos a limusinas gigantes. El viajero decide que paga. Igual que en Manila, servicios diferentes y preciosos diferentes, y claro está, la habilidad de negociar de cada uno.
¡Es muy gracioso cuando los europeos tenemos dobles estándares!





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